dimarts, 28 de desembre de 2010

Un bon llibre per aquestes festes: Nit de vetlla, de Jaume Serra Fontelles

Nit de vetlla
Jaume Serra Fontelles
202 pàgines
Mirmanda, 69
Edicions de 1984



Nadal, principis dels 60. Una gran nevada cau sobre la ciutat. L’Eduard, exiliat al sud de França, ha tornat per passar-hi les festes en un inútil intent de retrobar un temps que ha quedat enrere. Ja no hi té família ni amics, només uns quants coneguts. El seu periple transcorre entre els diferents racons del seu barri, una sinistra pensió, els bars on solia anar de jove i un bordell.
L’autor ens mostra amb la mirada de l’Eduard una visió esperpèntica, hilarant i trista, entre la tragèdia d’una guerra perduda i la grotesca adaptació al nou règim, que, amb aparença d’opereta, continuava matant.
Les descripcions dels carrers de Remansa, del seu declivi i de la seva grisor, impregnen la vida d’una mediocritat que va ser el segell d’aquells anys.

Jaume Serra Fontelles (Manresa, 1946) es va donar a conèixer amb la novel•la Desitja’m sort, Madeleine, premi Ciutat d’Alacant 1974. A partir d’aquí es dedicarà al gènere teatral: El dret al revés, premi ciutat de Granollers 1977, Deixeu-me ser mariner, premi ciutat d’Alcoi 1979, Sarsuela de malves, Fe de rates, Manric Delclòs, premi Born de Teatre 1992, Comèdies de corral, premi Memorial Santos Antolín 1993, i Exclòs, accèssit al premi Nacional Ignasi Iglesias 1993. La biografia L’ombra del maquis, 2001, esdevindria un preludi de Nit de vetlla.

***

L'Ada Castells en parla al Cultura/s, de La Vanguardia (22/12/2010)

La ficción o la vida
Entre luces y regalos, la Navidad nos recuerda las historias de regresos al hogar familiar
Vuelve, a casa vuelve...


Ada Castells

Es inevitable. Tanto si queremos como si no, casi todos tenemos en algún lugar de la memoria aquella canción de Navidad del anuncio que reza «Vuelve, a casa vuelve, vuelve al hogar». Esta podría ser la banda sonora de la novela de Serra Fontelles si consiguiéramos quitarnos de la cabeza el tono cursi, facilón y melodramático del gingle publicitario.

Nit de vetlla es la historia de uno que vuelve a casa por Navidad. Lo hace después de más de veinte años de ausencia y encuentra que ya no tiene ni casa, ni familia, ni ciudad, ni siquiera país. El protagonista es un exiliado en Francia que regresa a la Manresa de principios de los sesenta y descubre un mundo gris por culpa de la represión franquista. Así se da de bruces contra el silencio, el miedo, la pobreza, las sospechas y las traiciones.

En doscientas páginas nuestro hombre penetra en un complejo universo de desconfianzas. La posguerra es larga, se dice en la novela, y él lo certifica moviéndose sigiloso por su barrio de toda la vida, un barrio que ya se ha convertido en el barrio de otros. Algunas escenas, de corte cinematográfico, nos remiten a películas de espías, claroscuros de El tercer hombre, aciertos de gran narrador con una amplia cultura audiovisual a sus espaldas.

En la novela hace frío, mucho frío, y cae la nieve como en los buenos cuentos de Navidad, que tienen que ser tristes, nostálgicos, si puede ser con algún perro fiel, algún amigo solitario... Serra Fontelles ha recreado todos estos elementos del género y también nos sirve una persecución inesperada y un contraste de descripción poética. Un exiliado no cruza la frontera y se queda a sus anchas, navegando en sus recuerdos, como si nada: hay acción, hay un principio de amor imposible, hay decepción, hay verdades que nos ayudan a entender una historia más reciente de lo que quisiéramos. Los galets se convierten así en grandes barcazas de un naufragio sin supervivientes.

Antiguos compañeros de juventud son ahora adultos repletos de resentimiento. Ellos sí que llevan más de dos décadas viviendo en las fauces de un lobo, un mundo que los engulle en su negrura, una ciudad que los transforma, los vuelve o héroes o miserables. El gran logro de esta novela disfrazada de cuento de Navidad son estas apariciones fantasmagóricas que interpelan al protagonista y le van contando, sin poder contarle, todo lo que ha sucedido y todavía sucede. Cada uno representa un prototipo: el espabilado estraperlista, el generoso anarquista, la bondadosa prostituta, el servidor del régimen que se cree un machote y otras figuras inolvidables como el limpiabotas maño que habla un catañol imposible o el tabernero que no para de lanzar aforismos al vacío. Ellos conforman esta historia, que es la nuestra, en una Navidad de posguerra que algunos vivieron y todos tendríamos que hacer lo posible para que no se repita.

Cultura|s, La Vanguardia, dimecres, 22 desembre 2010

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